Solomillo a la pimienta

La receta de hoy es todo un antiguo clásico de bodas, bautizos y comuniones: solomillo a la pimienta.

Vale, es un poco receta de la época de Cuéntame (solo falta acompañarlo con una tarta al whisky de postre), pero hay que recuperar los grandes clásicos de nuestra gastronomía y enseñar a hacerlos en condiciones, que no cuestan nada y están riquísimos. Además, el solomillo a la pimienta es el típico plato que ahora está de capa caída porque la mitad de las veces la salsa no vale ni pa’mojar (ya no digamos si compramos la típica salsa de sobre o de bote cual kétchup).

Por eso mismo, hoy os vais a dar cuenta que un buen solomillo a la pimienta no cuesta nada hacerlo y, con éste, vais a querer rebañar el plato entero con pan y repetir.

Ingredientes:

  • 1 pieza de solomillo de cerdo
  • 200 ml de leche evaporada (o nata)
  • 100 ml de coñac/brandy
  • 1 cucharadita de extracto de carne (por ejemplo, marca Bovril)
  • 1 cucharada de pimienta verde fresca
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Una nuez de mantequilla (opcional, podéis poner solo aceite)
  • Sal y pimienta negra molida

Preparación:

Cortamos el solomillo en medallones del grueso que más os guste o podéis hacer como yo y aprovecharos de la carnicería y que lo hagan allí

Ponemos una sartén a fuego medio alto con una nuez de mantequilla y un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra. No hay ningún problema en quitar la mantequilla de en medio y usar solamente aceite, es simplemente para darle un toque de sabor.

Cuando esté bien caliente, ponemos los medallones de solomillo un par de minutos por cada lado, para que se sellen y doren. Esto es lo ideal pero entiendo que no a todo el mundo le gusta la carne al punto (me incluyo entre ellos, pero no se lo digáis a nadie :P) así que no pasa nada si lo dejáis un pelín más por cada lado para que no se queden muy rosa por dentro (prometo no chivarme).

Según vayamos teniendo los medallones listos, los sacamos y los reservamos tapados para que no se enfríen.

Truco: podéis poner el horno muy bajito (a unos 50ºC, no queremos que se cocinen más) para mantener los medallones calientes mientras hacemos la salsa.

Cuando tengamos los medallones listos, vertemos el coñac/brandy (o incluso un vinito dulce) en la sartén para desglasarla y recuperar todo el jugo que haya soltado la carne. Os podéis ayudar con un trocito de solomillo (la típica punta que sobra que no llega a convertirse en medallón) para rebañar bien la sartén. Dejamos un par de minutos para que se consuma el alcohol, bajamos a fuego medio-bajo y añadimos la pimienta verde junto con la nata y el extracto de carne (si no tenéis podéis poner media pastilla de caldo de carne). Dejamos unos minutos, sin dejar de remover hasta que la salsa espese.

Y ya está todo, servimos los medallones de solomillo napándolos con la salsa de pimienta y acompañado de unas riquísimas patatas risoladas.

¡Que los disfrutéis!

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